Los trabajos de Hugo Moreno Huízar

Tumba moderna

En una mañana del 2016, Cortázar salió de su tumba, se compró una computadora y fue a una casa que no lo esperaba. Sentado muy feliz se dispuso a escribir un cuento sobre la muerte (“Ella era una jovencita flacucha que quiso jugar con él al columpio”). Pero antes de terminar las primeras líneas su muro del face se actualizó y en letras muy vistosas una lejana sobrina le invitaba a vivir la vida fuera de la obscuridad de su cuarto y a “hestirar” las alas a un nuevo mañana. Cortázar, muy animado, se rasuró la barba llena de animalitos (ninguno era un cronopio, carajo) y se limpió la cara cubierta de polvo y muerte. Pero cuando estaba listo para irse, su muro se actualizó otra vez y en letras solemnes y con una caricatura amigable y bien dibujada, una publicación de su primo lejano le urgía a vivir la vida calmada, a dormir tranquilo entre televisores de plasma encendidos por toda la noche. Entonces, Cortázar se descalzó, compró una consola y se quitó el saco para jugar y andar a gusto.

Al día siguiente se despertó en el panteón, agitado. Estaba solo, una luz entre gris y azul le dejaba entrever tumbas y más tumbas a su alrededor. De pronto, el bolsillo derecho de su pantalón le vibró. A su celular le había llegado un mensaje de Borges: “¿Qué pasó ayer, Julio?”

La frazada del niño

Mis ojos (cifras sagradas que Dios nunca logró tocar) olvidaron el umbral de un tiempo inocente que ahora juega con mi tristeza. Entre niebla, sombra y susurros, capto mi propia figura y la sigo en el sueño del presente. ¿Qué mirada lúcida me devuelve al beso inmaculado, desvestido del miedo ajeno que hurta lágrimas, aspiraciones y luminarias personales?

En un suave placebo de telas infantiles está mi huida del mundo. Pero también el olvido y la usurpación de todos los primeros sueños que, en una eterna parálisis, me ha regalado cada humanidad en su debido y justo tiempo.

Lectura de “The Day the Saucers Came” de Neil Gaiman

Lectura de “En cada cosa” de Hugo Moreno Huízar