La vida conyugal y la estética de la recepción

by Hugo Moreno Huízar

Presentación del trabajo

El presente ensayo someterá a análisis la novela de Sergio Pitol La vida conyugal. Tanto la anécdota como la estructura discursiva serán estudiadas a partir de los preceptos de la estética de la recepción, en particular bajo los conceptos presentados por Wolfgang Iser. La estructura de la novela ofrece un proceso preciso y claro para su examen. Con cada anécdota nueva, el discurso emula y aparentemente repite estrategias anteriores, haciendo del hilo discursivo un apoyo estructural para el ensayo fácil y accesible. Así, este trabajo seguirá cada anécdota y nueva peripecia de la protagonista Jacqueline Cascorro. Desde su continuo regreso remembrado hacia el momento en el que quiebra una pata de cangrejo, hasta sus regenerativas estrategias para asesinar a su marido: cada nueva experiencia ofrecerá un desconocido elemento si es visto a partir de los preceptos mencionados.

            La obra de Pitol ofrece numerosas ejemplificaciones de los preceptos de Iser, dando lugar a una formulación narrativa compleja que establece una estrecha relación con el lector. Las estrategias de Pitol para generar una narración a partir de una historia que parece repetirse pueden ser exhibidas a través de una mirada crítica a la naturaleza directivo-intencional de una primera lectura, de manera que el devenir de La vida conyugal resulta ejercer mayor complejidad que la anteriormente percibida. Las múltiples lecturas que se le pueden dar al texto son evidencia de una elaboración ardua en los elementos creativos que Pitol plasmó en la novela. Es por eso que se ha retomado para este trabajo, no bajo la perspectiva teórica de los cronotopos como se hizo durante el curso (aunque la misma sí ofreció una amplia exploración del texto), sino a partir de la estética de la recepción. La labor implicada es que el lector desarrolla su rumbo de lectura consciente de los preceptos teóricos y, de esa manera, ofrece una perspectiva única sobre la obra.

            El objetivo a cumplir es conjugar las múltiples lecturas que se dan sobre cada anécdota de la novela para sintetizarlas en un solo trabajo que dé a entender la multiplicidad de estrategias discursivas en el texto, exponiéndolas y tomando en cuenta la estética de la recepción. Así se identificarán las influencias que tienen al seguir una lectura de un texto que en una primera instancia sugiere una lectura lúdica y ligera. Para lograr el desengaño de esta primera idea se llegará a conclusiones críticas basadas en los distintos formulados teóricos. De ser acertado este propósito la lectura de esta novela de Pitol se realizará propiamente y con la adecuada atención que este texto literario requiere.

Lectura intuitiva

En La vida conyugal se observa una repetición de acciones que, una vez establecida, puede considerarse previsible. Mas el entramado narrativo que Pitol preparó para su obra está latente en el texto. Cuando Jacqueline rompe la pata de cangrejo su meta de asesinar a su marido en repetidas ocasiones y sus constantes fallas son parte de una estructura que adelanta acciones e incluso discursos. Esta expectativa formada a partir de la repetición hace de cada arco una representación única. La obsesión que afecta a la protagonista y a aquellos que conviven con ella en su entorno, dirige la acción de la novela a un rumbo rítmico narrativamente. Sólo así pueden tomar lugar en el ámbito literario sus historias de pasión y engaño: con una estructura que denota repeticiones y que asigna a cada nueva historia un preciso lugar y personajes para su debida ejecución. Pitol no colocó en cada capítulo a los amantes de Jacqueline de manera deliberada. Cada uno es producto de un nuevo extracto social o tentación a lo que debe enfrentarse en su trayecto. Su arco es en sumo interesante: pareciera que es un personaje elaborado y cargado de significado al inicio de la novela para luego irse despojando de cada elemento significativo que la conforma para volverse una parodia de un modelo. Esto es, en sí, la propuesta de la novela: un interminable ciclo que inicia con la vida conyugal y que nunca logra desembocar en un reconcilio. El odio de Jacqueline hacia su marido es constante, repetitivo. Esto hace que sus acciones se dirijan por la misma vertiente y que, al guiar el texto como se mencionó, hace del discurso un hilo con pautas evidentes. Su condición la ha despojado de otras características que no involucren a su marido: a lo largo de la historia va perdiendo su carácter, si es que alguna vez se dio la oportunidad de tenerlo. Van importando menos sus metas y anhelos y sus acciones eclipsan su personalidad para solo hacer de ella una actuante de unos presupuestos: el agobio, la venganza y la costumbre. Pitol engloba las características de un matrimonio y las plasma transformando a su personaje en un mero receptor y conductor de estas características. Puede considerarse que el lector nunca conoce directamente a Jacqueline, sino que conoce la sombra de sus deseos, transformada en un continuo de acciones vengativas y, eventualmente, lúdicas. Si esto lo hace Pitol con el objetivo de expresar su opinión sobre el matrimonio, eso deberá someterse a un análisis distinto, mas habrá de tomarse en cuenta para dirigir los distintos discursos teóricos hacia un solo objetivo, pues como sugiere la misma estética receptiva, se debe tomar en cuenta el texto a partir de cómo es interpretado por el lector. Esto indica que el texto se vale por lo que el lector considera de él, conclusivamente.

Revisión de la literatura

Ante este autor y marco teórico, es posible que este trabajo se vea escaso en fuentes de estudio. Claramente, los textos sobre la interpretación lectora de los textos por Wolfgang Iser son el pilar teórico para este trabajo. Rutas de la interpretación y El proceso de la lectura, son literaturas obligatorias para el debido análisis de sus preceptos y su eventual comparación con lo que sucede en La vida conyugal y con cómo está discursado. Es importante recalcar que tanto contenido como forma pueden impactar la vía lectora que ofrece el texto, por lo que ambos serán sometidos a revisión mediante los conceptos de Iser. Para ampliar el panorama narrativo/crítico de Sergio Pitol, además de su novela, se han seleccionado textos donde ofrece su opinión sobre lecturas que él ha realizado de otros escritores. Esto aporta en gran medida al trabajo si se considera que un autor es además un lector y que bastante del contenido al que da lectura a lo largo de su carrera como escritor termina por influir su propio discurso, pero también aporta al tomar en cuenta su manera de leer los textos, haciéndolo un interesante sujeto de prueba para las teorías de la recepción. El desafío que conlleva la elección de esta literatura es la ausencia y posible falta de material. Sin embargo, cada texto, por pocos que sean, ofrece bastante material de análisis. Agudizando una mirada crítica, los textos que hablan de la experiencia lectora de Sergio Pitol pueden establecer relaciones con los textos teóricos de Iser y son entes de estudio para los mismos, puesto a que amplían el campo a analizar.

            De misma forma, estos textos marcan la pauta que interesaba al autor como lector, por lo que deben ser considerados para someterlos al análisis de un canon. Este tema es manejado también por Iser en Rutas de la interpretación y se presta a una valoración por parte de los conceptos vistos en el curso. Mas el enfoque del ensayo es la estética de la recepción, por lo que deberá bastar el texto mencionado para ver el tema del canon en la obra. Esto está justificado en la posibilidad de una convivencia entre ambos marcos teóricos, suscitada por su propia naturaleza que sugiere un  enfoque en la lectura y el procedimiento que conlleva. La generación de cánones, explicada por Iser, es fundamental para entender el entorno que influye en la creación literaria. Una concisa pero puntual revisión de este concepto ampliará lo hallado en el análisis de la estética de la recepción en el texto de Sergio Pitol. Considerar ambos preceptos a la par dotará de significado varios conceptos que surgirán, abriendo la posibilidad de una multiintepretación para mejor explicar su presencia en la novela.

Marco conceptual

Se tomarán como referencia los elementos de la estética de la recepción y el canon. Cada estrategia lectora dictada por la teoría puede ser encontrada en el texto, dirección misma que tomará este análisis. La canonización tiene lugar aquí como elemento analítico para trazar un paralelo entre la novela de Pitol con su selección de textos y autores a leer. La delimitación que hace para fijar sus opiniones sobre los textos guiará el trabajo hacia una propia consideración de sus postulados de la lectura.

            Elementos como caleidoscopio de expectativas, la anticipación, la defraudación, etc., son ejemplos de lo que se buscará en el texto, tanto en un nivel textual como en la anécdota. Es necesaria la convivencia de ambos elementos debido a que el lector puede enfocarse en cualquiera o en los dos al dar lectura al texto. La identificación del canon se hará a partir de los comentarios expresados por Pitol a lo largo de sus textos; se pondrá en evidencia su interés literario a lo largo del hilo discursivo, delimitando las ocupaciones creativas que pudo haber heredado de sus lecturas. Ambos pilares teóricos ofrecerán el material necesario para destacar elementos importantes en la novela, evidenciando también la propia lectura pensada del autor de este ensayo. La misma teoría de la estética de la recepción sugiere y considera necesario destacar y comparar ambas lecturas. Esto puebla de sentido el texto y la experiencia lectora del mismo, no solo lo que se puede decir de la novela. El hilo actoral también será identificado y expuesto como la base fundamental del estudio para denotar la gestalt de la novela. Un patrón es necesario para el lector durante el transcurso de una interpretación, por lo que es fundamental para este análisis evidenciar el hilo actoral y explicar cómo influye en ambos canales del texto.

Interpretación

La multiplicad de perspectivas ante los objetivos de Jacqueline Cascorro se da mediante la adición de los diferentes amantes con los que se encuentra y con quiénes genera planes para asesinar a su marido. En un nivel formal del discurso, cada capítulo ofrece una nueva peripecia y restructura el patrón de sucesos. Esencialmente, Jacqueline busca un nuevo amante o las circunstancias le ofrecen uno. Ante la pasión que se desborda por parte de ella, el deseo de eliminar a su marido se vuelve más fuerte hasta que lleva en cada capítulo a un intento de asesinato. Cabe señalar que con cada capítulo parece renovarse la trama, ofreciendo cada vez a una nueva Jacqueline, con cada capítulo más demacrada. Con cada nueva estipulación por parte del narrador al principio de los capítulos genera la expectativa de una nueva circunstancia y a la vez ofrece un correlato. De esta manera, da inicio a una nueva parte manteniendo al lector anticipando sobre lo que sucederá en la historia:

Corría el año 1968, el mes de mayo para ser precisos. Jacqueline asomó a la ventana y respiró profundamente; se hizo la ilusión de que sus pulmones se llenaban de yodo. Habían pasado cuatro años desde la pérdida del pulgar y el índice de la mano izquierda. Desde la aplicación de la prótesis Jacqueline no había dejado de sentir una extrema pesadez en la mano, cualquier movimiento le resultaba torpe.[1]

Esta última afirmación denota otro sentido: una parte de la historia que el lector no conocía y que en sí engloba y sugiere numerosas cosas. Iser ofrece una explicación suficiente del correlato para argumentar que esta oración lleva a un sentido por sí solo, además de lo que denota como mero enunciado:

La oración no se compone únicamente de una afirmación —lo cual, después de todo, sería absurdo, pues sólo se pueden hacer afirmaciones sobre cosas que existen—, sino que aspira a algo que sobrepasa lo que realmente dice. Esto es válido para todas las oraciones de las obras literarias, y es mediante la interacción de estas oraciones como se cumple esta aspiración común […]. En su cualidad de afirmaciones, observaciones, proveedoras de información, etc., siempre son indicaciones de algo que está por llegar y cuya estructura está prefigurada por su contenido específico.[2]

La oración sugiere un tiempo y un espacio, una relación que se vincula entre los sentimientos y objetivos de Cascorro con una nueva circunstancia que el autor nos ofrece mediante un resumen de su situación. El correlato está presente aquí de esa manera: la acción descrita no sólo aplica para el presente al que ha avanzado la novela. Sino también a situaciones que el lector no ha podido captar mediante la lectura por el salto en la trama. Esta acción en el presente, sin embargo, sugiere o correlata acciones o sensaciones anteriores. Cascorro debió sufrir largo tiempo por la prótesis, generando un tramo de sentimientos e ideas que como lectores no pudimos observar. Se sugiere qué es lo que razonó a partir de esto, mostrando sus nuevos objetivos después de que el capítulo inicia.

            El tema de la novela es una importante herramienta en la interpretación del texto por parte de cualquier lector. De esta forma, la lectura se verá definida por cómo la obra presenta su tema de diversas formas. A esto alude Iser:

El tema se ajusta al grado del registro interpretativo al que se traduce, y al mismo tiempo requiere un cambio en la mecánica que se va a emplear; como se ven la modificación continua mediante la cual se concibe de nuevo el círculo hermenéutico. Además, esta reconcepción está condicionada por la manera en que el tema se ofrece al acto interpretativo.[3]

El efecto de un caleidoscopio es aplicable aquí, cada anécdota se ve reunida en un hilo actoral único: el agobio. Esta acción unifica las variaciones que ofrece la historia de Jacqueline y las establece como partes de una sola anécdota. Con cada nueva inclusión el texto adquiere una significación complementaria. El sentido que aporta cada nuevo amante puede magnificar el estilo discursivo, pero también revelar la multiplicidad de ramificaciones que surgen a partir del hilo principal. Jacqueline engloba este hilo, el del agobio, y lo enfrenta a otras perspectivas: sus amantes. Cada perspectiva aporta su parte para complementarse y, así, generar un solo discurso dirigido por la insaciable sed de Jacqueline.

La omisión que se observó en el relato de la novela está también inscrito a una clara estrategia discursiva, rescatable mediante la consideración de la defraudación de expectativas. El narrador interrumpe un momento abrumador justo antes de avanzar a otro capítulo, dividiendo los tiempos y dejando en suspenso lo anterior. Jacqueline está presenciando la grave consecuencia que tuvo su intento de asesinato:

Los ojos de Jacqueline se llenaron de lágrimas. Pensó que había sufrido demasiado. ¿Tenía algún caso seguir viviendo? Se negaba a mirar su mano envuelta en un vendaje aparatoso. ¡Dos dedos! ¿Cuáles podrían ser? Las lágrimas fluían sobre su rostro inmóvil, como el de un cadáver. Recordó que la noche anterior había estado leyendo un libro interesante, una novela que era una colección de cartas, que había oído disparos, y en ese momento se quedó dormida.[4]

Esta abrupta interrupción de los pensamientos de Jacqueline lleva a una anticipación por parte del lector. Se menciona la posibilidad de un suicidio, de una salida drástica a este continuo y ya repetitivo sufrimiento. Cascorro aquí pierde la voluntad y la ambición, a partir de este final de capítulo el personaje pasa a ser producto del hilo discursivo y de las estrategias narrativas de Pitol.

            El canon del autor o su interés por textos en particular pueden revelar una interesante posibilidad de horizontes interpretativos. Su afiliación por la narrativa rusa habla de un posible seguimiento de las propuestas literarias del país. Al verse lector de estos autores hereda de ellos un horizonte creativo que se inscribe al suyo propio. Ambas perspectivas convergen y se produce una clase de texto especial, único por ser producto de un mexicano lector de rusos, pero también por ser autor de La vida conyugal. De esta manera el autor dialoga asumiendo ambos papeles y convergiendo perspectivas. Así habla de Chéjov:

El tema central de Chéjov es la incomunicación, le parece que sólo por instantes se consigue establecer la comunicación humana, que el hombre ha nacido y morirá solo, y durante su vida, aunque parezca acompañado, tiene por destino la soledad. Ésta es una concepción absolutamente diferente a las tradiciones rusas.[5]

Su identificación de la tradición rusa sirve para inscribirlo en una particularidad de lectores especializados que sabrán identificar los hilos discursivos en un cuento, sea o no ruso. Sin embargo, es importante resaltar aquí su interés por esta incomunicación. Como lector, Pitol hace su propio canon literario e idealista. Como crítico muestra su agudeza al identificar las fortalezas de una literatura. En otro caso, uno menos formal, se tiene a Pitol narrando un encuentro con Monsiváis y sus creaciones:

Su lenguaje era popular, pero muy estilizado; y la construcción, eminentemente elusiva. Exigía del lector un esfuerzo para más o menos orientarse. La narrativa escrita por mis contempérenos, aun los más innovadores, resultaba más bien próxima a los cánones decimonónico al lado de aquel fino acero.[6]

La manera en la que se expresa sobre sus contemporáneos revela una preocupación por la innovación. Parece que para él dirección de la forma también es importante y se inscribe a las necesidades de un autor “acero” como él lo llama. Estos presupuestos aclaran la metódica forma narrativa de La vida conyugal. La estructuración del texto por capítulos, en los que cada uno tiene su propia anécdota o amante, conduce al lector a seguir un camino interpretativo fijo y le facilita al autor defraudar cualquier expectativa generada. La forma en la que entrega cada desenlace cambia e incluso deja al lector con duda sobre lo que sucede en ciertos fragmentos. Cuando el texto inicia estipulando quién es precisamente la protagonista del relato la relación con el lector está entregada: se trata de un texto que conspira con el que lo lea. Esto, sin embargo, no le impide generar expectativas defraudadas. Es preciso aclarar que la repetición de la intención de Jacqueline no hace de la novela una lectura monótona, sino que da lugar a un engaño sobre cómo el autor decidirá dirigirse a la conclusión prevista.

            La pata de cangrejo rota adquiere sentido una vez que las rutas de interpretación la revelan como una pauta. Es un acto que no ocurre anecdóticamente al principio de la trama, como lo sugiere su colocación al principio de la novela, sino después. Sin embargo, se da el adelanto de esta acción por ser una señal importante sobre el estado de Jacqueline. El lector podría comparar este aparente acto simple con la situación en la vida real, donde sería comprensible romper una pata de cangrejo. Mas la realidad discursiva sugiere otro acontecimiento, similar a un correlato: el enfado y la exasperación de Jacqueline ante la vida que lleva. Este acto que se repite en el texto marca un importante motivo para el lector, llevándolo a exaltar su curiosidad sobre este hecho e inspirándole posibles interpretaciones.

Síntesis y conclusión

Sergio Pitol demuestra que discurso y forma confabulan para generar una relación particular, misma que se expresa en la interpretación de los lectores. Se desvela una intensidad comprensiva por parte del autor, poblando su novela de un discurso imaginativo y bien preparado para contar más de una cosa a la vez. Esto desemboca en una historia que cuenta una anécdota mediante el contenido y cuenta otra más entrañable mediante la forma. Mas el ensayo ha comprobado que estos hilos llevan una carga teórica en común: el juego con el lector. De esta forma, la lectura se vuelve una interacción de expectativas y defraudaciones que toma lugar con la lectura. Aquí se ve ejemplificada la esencialidad de la literatura: el texto necesita al lector para cobrar vigencia y vida. El lector, ofreciendo su perspectiva, desentraña nuevas e innovadoras maneras de enfrentar la interpretación de la novela. Así, La vida conyugal es una novela que necesita la interacción con el lector para que tome lugar el juego que pretende desarrollar. Este juego consiste en todas las anécdotas que se repiten y se muestran de distintas formas para llegar a una conclusión: la novela es una espiral que emula el concepto de su propio título. La vida conyugal, para Pitol, es definida por pautas y repentinos ritmos que cambian, pero que perduran a través de todo. Jacqueline no cesará en sus intentos y pareciera que Nicolás Lobato no le ofrecerá el camino a una reconciliación de sus sentimientos encontrados. Ambos personajes están, al final, encerrados y deberán repetirse a través de diferentes formas. El encuentro con más amantes y la búsqueda de la muerte del otro son elementos, sugiere el final, que perseguirán siempre a Jacqueline. Debido a que ella misma ya o es Jacqueline Cascorro, sino un mero producto de las acciones a las que fue llevada por su entorno y su propia sed insaciable. El lector debe afrontar el hecho que el personaje que engañosamente es presentado al inicio de la novela cesa de existir después. Es removida por sus propias ambiciones y transformada, mediante la forma del discurso y la naturaleza de su historia, en una vacía marioneta que es llenada de acciones y discursos armados. Nada es capaz de substraerla de ese destino, puesto a que persigue una meta que le da satisfacción, pero nunca cierre. La complexión simple que en una primera instancia puede considerarse para este personaje, se deshace para dejar ver una construcción compleja y repleta de elementos discursivos e ideológicos sumamente interesantes. Esto también entrevé una visualización crítica por parte de Pitol hacia el entorno en el que habita. Su empeño está dirigido en desvelar la naturaleza problemática del comportamiento humano, expresado en actos violentos y perjudiciales para el actuante mismo. Recrea el agobio de un ciclo que, sumado a las presiones sociales, desarrolla una objetivación del individuo y lo reduce a un mero actuante que, con tal de apropiarse de un sentido existencial, obedece las propuestas de una sociedad. Sufre las consecuencias y sabe que es producto de lo mismo, pero no puede eludirlo. Se atrapa y pretende continuar atrapada. Es de esta forma cómo Cascorro ejemplifica la complejidad que implica la teoría de la recepción. Este conglomerado de necesidades y perspectivas distintas son, metafóricamente, lo que la atrapa y no permite que halle una salida beneficiosa para ella. Es como si se supiera leída, se interpretara y definiera de una sola forma, ignorando posibilidades que bien podrían salvarla. Siendo posible la realización de diferentes lecturas, Cascorro no sabe encontrar una alternativa sobre cómo leer su propia historia. Pareciera que se evalúa bajo una expectativa definida por sus deseos, viéndose “defraudada” al no cumplir su objetivo. Sin embargo, la defraudación se vuelve el sentido de su discurso y su vida. Vivir estos altibajos es lo que termina por definirla y dictar cada plan nuevo que genera para cumplir con un propósito que sabe imposible. Su canon se ha limitado a los apuntes de lecturas que realizó con mero compromiso social. Las citas y sus señalamientos son eventualmente ignorados, pasan a ser meros recuerdos de una época mejor en la que lograba alimentar una parte de su ser ya abandonada. Con esta lectura que realiza sobre ella misma sólo puede incurrir en una autorrealización problemática: su vida era mejor antes o lejos de su marido. Esta percepción alimenta gradualmente su rabia y la lleva a obedecer sus interpretaciones de sus textos, mismas que están sólo basadas en cómo se siente y en cómo piensa que debe sentirse ante todo lo que le sucede. Estos impulsos destructivos la llenan de pasión, algo que no pudo obtener mediante su matrimonio y sus amantes. Cada amante la despoja de sus expectativas y de su autoconciencia. Se sabe y no lectora, sabe más sobre una antigua presencia que alguna vez pobló su ser, pero ya no busca retornarla sino participar en el juego que cree que ha heredado a partir de ella. Esa presencia era su ambición por la lectura, por mantener atención e interés por la cultura en general. Mas, para finalizar, este mismo interés la encamina a otro encuentro con un amante. Para este momento se han disipado todas las esperanzas de este personaje y es condenada por todos los elementos que conforman su existencia literaria a la repetición de sus acciones, a generar defraudaciones y expectativas que sólo ella conoce y desdeña.

[1] Sergio Pitol, La vida conyugal. Ediciones Era, México, 7ma ed., 2012, p. 83.

[2] Wolfgang Iser, El proceso de la lectura (trad. Eugenio Contreras). Texto en Aula Virtual de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, consultado el 13 de mayo del 2015, p. 219.

[3] Wolfgang Iser, Rutas de la interpretación (trad. Ricardo Rubio Ruiz). Fondo de Cultura Económica, México, 2005, p. 168.

[4] Sergio Pitol, La vida conyugal. Ediciones Era, México, 7ma ed., 2012, p. 82.

[5] Sergio Pitol, De la realidad a la literatura. Cuadernos de la Cátedra Alfonso Reyes del Tecnológico de Monterrey (ITESM, 2002). Fondo de Cultura Económica de España, México, 2003, p. 58.

[6] Mabel Moraña e Ignacio Sánchez Prado (compiladores), El arte de la ironía. Carlos Monsiváis ante la crítica. Universidad Autónoma de México, México, 2007, p. 339.

Bibliografía
Mabel Moraña e Ignacio Sánchez Prado (compiladores), El arte de la ironía. Carlos Monsiváis ante la crítica. Universidad Autónoma de México, México, 2007, 445 pp.

Sergio Pitol, De la realidad a la literatura. Cuadernos de la Cátedra Alfonso Reyes del Tecnológico de Monterrey (ITESM, 2002). Fondo de Cultura Económica de España, México, 2003, 138 pp.

Sergio Pitol, La vida conyugal. Ediciones Era, México, 7ma ed., 2012, 134 pp.

Wolfgang Iser, El proceso de la lectura (trad. Eugenio Contreras). Texto en Aula Virtual de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, consultado el 13 de mayo del 2015.

Wolfgang Iser, Rutas de la interpretación (trad. Ricardo Rubio Ruiz). Fondo de Cultura Económica, México, 2005, 392 pp.