Otro estado para los estadounidenses

by Hugo Moreno Huízar

—Esta estación tiene de todo, Raúl, de todo menos café.

Ambos andaban por un largo pasillo blanco. Al caminar, dejaban atrás varias habitaciones, cada una repleta de reporteros bebiendo agua de tasas color marrón: el color de la compañía.

—Tengo seis hijos, otro trabajo en la mañana y un largo camino a casa. Esta estación es la más importante del país y no pueden ofrecerme un méndigo café para aguantar.

Su compañero lo seguía para complacerlo. Sus zapatos negros lo saludaban cada vez que soltaba una carcajada y veía al suelo alfombrado.

Finalmente llegaron: era una habitación blanca, pequeña. En las paredes estaban colgados, cada uno de una fruta diferente, varias pinturas cuadradas. Se percibía un olor a pan dulce.

—¡Observa! — Le dijo a su compañero de zapatos negros, señalando hacia una mesa de caoba. En ella solo había una cafetera vieja.

—Sí, he notado que este lugar tiene olor a pan y sin embargo no veo ninguno

—¡No, idiota! Se acabaron los sobres.

—Pero, amigo mío, no puedes hacer café sin agua: el garrafón no está.

Su colega, desesperado, buscó el garrafón con la mirada, en vano.

—Me rehúso a dar las noticias hasta tener mi café.

—Pero el jefe le dio una noticia muy importante, según él.

—¡Ja! Ya quisieran todos que fuera noticia. El mugre Adrián le hizo una entrevista exclusiva, o algo así, al presidente de Estados Unidos. Que quiere negociarse gran parte de nuestra Colombia. Como si fuéramos a dársela a esos ricos gordos.

—Usted tranquilo, amigo. Mientras haya una Colombia siempre habrá café.